miércoles, 28 de julio de 2010

Deliciosa Luna llena de julio

Ayer día 26 de julio observaba cuando regresaba a casa, la potente y deslumbrante Luna llena, allí en lo alto del cielo su cara nacarada y brillante me miraba y me provocaba recuerdos de otros días ya lejanos, alegres, llenos de emociones y encanto.

Por aquellos días tambien mi espíritu atormentado sufría inmensamente, desconsoladamente por no poder saciar mi voluntad. Creo que perdí muchas oportunidades, pero en esos momentos no lo veía claro porque había otras cosas más importantes.

No son equivocaciones son decisiones. Lo más difícil para mi consistía precisamente en tomar decisiones, elegir los proyectos en los que me implicaría y decidir, porque con cada decisión tomábamos un rumbo diferente. Era un compromiso, porque me iba a romper hasta encontrar una vía de conexión con aquello que realizaríamos y abriría todos mis poros para llenarlos de emociones que compartiría.

La felicidad, la alegría, se nos contagiaban. Los días, las horas, los minutos, eran apenas un soplo de la vida, una suave y tibia brisa a orillas del mar, al borde del lago. El gusto, se educa dicen y me preguntaba.... Quién era yo (Esa + de 50) para tomarme la libertad de compartir vivencias? Los fantasmas, los murciélagos danzaban cada noche sobre mi cama impidiéndome dormir, alterando todo mi organismo que desde entonces se abocó irreparable e irreversible hacia productos químicos controladores.

Anoche cuando regresaba a casa, la Luna, mi queridísima y mágica Luna, me mostraba con transparencia vital que lo importante es amar y ser feliz si te sientes amada por la generosidad de los demás, que la creatividad moldea nuestros mundos, que las cadenas no garantizan la seguridad, que la música mece nuestro espíritu y reconforta el alma !Ay Luna, Lunita, Luna!



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